Empecé a escribir entradas en un blog como práctica de escritura. Me gusta; es útil para organizar ideas y generar nuevas. Sin embargo, a veces ocurre algo: termino un post que inicié con intención descriptiva y descubro más tecnicismo del necesario. O al revés: un análisis que pedía rigor acaba en una narración que lo diluye.
El texto está ahí, completo, pero algo no está bien. Es como ponerte el zapato del pie derecho en el pie izquierdo. De ahí surgió la pregunta:
¿Cómo validar que un post realmente pertenece al tipo de entrada que creo que es?
El modelo mental primero
Antes de buscar soluciones, necesitaba entender los componentes de una entrada.
Cualquier publicación consistente opera con dos capas: un marco editorial, que da identidad y continuidad, y líneas editoriales, cada una con su propia lógica de apertura, desarrollo y cierre. Cuando un texto se desvía de su línea sin que sea una decisión consciente, la coherencia se rompe.
En el blog, estos elementos existían de forma implícita: temas, categorías y un lector definido. Solo hacía falta formalizarlos. Con eso claro, la hipótesis fue directa: si clasifico una entrada según su línea editorial y luego inspecciono su estructura con ese criterio, podré detectar desviaciones antes de publicar.
El diseño del sistema
Tres principios de arquitectura guiaron el diseño:
Separación de responsabilidades.
Un clasificador determina el tipo. Un auditor evalúa la coherencia. Yo decido.
Contratos explícitos entre módulos.
El router devuelve el tipo y el nivel de confianza. El auditor recibe esa clasificación junto con el texto y responde con un estado estructural.
Determinismo, no creatividad.
La misma entrada debe producir la misma clasificación. La creatividad permanece en el humano.
El sistema quedó así:
- Router: clasifica el texto según la línea editorial.
- Auditor: evalúa la coherencia estructural según el tipo declarado por el router.
- Archivo de líneas editoriales: referencia común.
- Definition of Done por tipo: criterios de cierre para cada clase de entrada.
- Human-in-the-loop: la decisión final es humana.

El sistema tiene límites. Depende de cómo estén definidas las líneas editoriales y de la calidad del clasificador. Además, al ser juez y parte, siempre existe un sesgo del autor.
Lo que encontré en la práctica
Probé varias entradas publicadas y borradores nuevos. En todos los casos, la clasificación fue estable entre las ejecuciones. El auditor resultó más estricto que yo. Señaló puntos en los que la estructura era ambigua, sin que yo lo hubiera notado.
El caso más claro fue una entrada que oscilaba entre la narración y el análisis. El auditor señaló desviaciones con severidad. No hice los ajustes porque mi intención era narrativa, no un experimento formal. Pero ya hacía lo que quería: la alerta fue válida y me obligó a confirmar mi intención.
Hay una diferencia entre mezclar géneros por decisión y hacerlo por descuido. El sistema me ayuda a saber cuál es cuál.
Es mi guardián estructural, no un corrector, generador ni optimizador de estilo. Es justo lo que quería, una herramienta para mi contexto editorial.
